Tango

El tango se manifiesta hoy en las letras (especialmente en el lunfardo, de donde provienen muchas de sus palabras); en la música (especialmente en el bandoneón, que le infundió a la música popular del Río de la Plata el sonido rezongón y melancólico que hoy identifica al tango); y en el baile (el que se ve en los shows y el que se practica en las milongas).

Casas de Tango

Buenos Aires está repleta de tanguerías con orquestas y bailarines en vivo. Los lugares de mayor realce que cuentan con espectáculos en vivo suelen incluir cena (con la posibilidad de optar entre la especialidad de carnes argentinas o un menú internacional).

Milongas

También están las milongas, lugares donde se va a bailar. Muchas organizan clases —a cargo de docentes especializados— antes del baile. Para novatos e iniciados, grupales o individuales. Tango, milonga o vals.

Clases

Además se ofrecen clases de baile en muchos centros culturales. Las lecciones duran entre una y dos horas. Lo ideal es tomar cuatro o cinco clases. Desde el primer encuentro los profesores entrenan a los principiantes para el dominio del paso básico: ocho simples movimientos que pueden aprenderse en pocas horas.

Guía de la Milonga

A qué hora
La pista de la milonga se comparte con muchas parejas. Para bailar cómodos, sin chocarse, una de dos: hay que llegar temprano o irse tarde.

Qué llevar
Es indispensable portar algunos de los elementos del siguiente y básico.

Kit tanguero
Remera o camisa (de recambio), gomina (para el retoque), un par de medias (de más), pintura (para el retoque), zapatos de baile (bolsita de zapatos), zapatos sin taco (para descansar), talco para las suelas (por si la pista no resbala lo suficiente).

Al hombre: cómo sacar a bailar
El milonguero puede elegir entre dos opciones:
- El cabeceo. Hombre y mujer se observan y sólo si la mujer mantiene la mirada, él mueve sutilmente su cabeza.
- Es el método más arriesgado: el milonguero se acerca a la mesa de la elegida y la invita abiertamente a bailar.

A la mujer: cómo hacer para que la saquen a bailar
Antes que nada, hay que ponerse los zapatos.
Luego sentarse mirando la pista, con las piernas hacia el pasillo, para que
el hombre desprevenido y caminador se tropiece con el pie. Así se produce el encuentro (y la invitación).